La importancia de la lactancia materna
Quien es madre sabe lo importante que es ese momento, porque amamantar es, además de alimentar, dar vida y amor, protección y la posibilidad de comunicarse con el bebé. En definitiva, el amamantamiento fortalece una relación especial entre la madre y su bebé.
La leche materna es un alimento (el mejor para tu hijo) que lo protege contra enfermedades, lo previene de la desnutrición y la obesidad, y no le provoca alergias. Además, logra que el niño tenga menos probabilidades de tener caries o tratamientos de ortodoncia como aquellos que se alimentan con biberón.
Pero también, la lactancia le da beneficios a la mamá, ya que disminuye la probabilidad de sufrir cáncer de mama, evita hemorragias después del parto y además le ayuda a recuperar su figura de forma más rápida.
La leche de los primeros días, llamada calostro, es amarillenta y espesa, y es rica en anticuerpos que protegen al bebé de infecciones graves; durante los primeros siete días, el calostro va perdiendo su color, y la leche se va poniendo cada vez más blanca.
Esta leche puede ser aguada y escasa -que se produce y junta en los pechos en los intervalos entre las mamadas-, o abundante y espesa -la que se produce durante las mamadas-, ésta sacia, alimenta y engorda al bebé. Resumiendo, la llamada “leche aguada” es la primera que el bebé toma y calma la sed; y la llamada “leche gorda” es la segunda que toma el bebé, y que calma su hambre.





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