“Sex and the city”: la crítica

Estaba emocionada, sí, como una niña que pronto va estar en el lugar que tanto soñó. Semanas y semanas de leer y ver novedades tanto en la prensa gráfica como en la televisiva. Especiales que animaban lo que sería la gran película de “Sex and the city”, esa serie que marcó una época y un estilo de mujer: la nueva soltera. Porque ser soltera pasando los treinta fue hasta no hace taaantos años un flagelo, y esta serie estadounidense supo poner las cosas en su lugar; desde puntos de vista superficiales tocó temas que muchas mujeres vivían (y viven) para ir al quid de la cuestión de una realidad despiadada. Sólo que en el programa, como en el filme, esa crudeza es vestida con ropa de prestigiosos diseñadores y amparada en una ciudad cosmopolita que sabe de glamour (aunque un poco exagerado para mí).


Quien siguió la serie, y aún hoy ve sus capítulos una y otra vez (como yo), no se puede decepcionar con la película. Ella es un resumen de esas seis temporadas que hicieron vivir a sus protagonistas las más importantes e insípidas historias de amor, sexo y trabajo; sí, porque aunque su nombre indique “ese” tema, no todo fue sexo en la ciudad, sino muchas otras cosas que vivimos, vivieron y vivirán muchas féminas del mundo: relaciones con las amigas, con los ex, con los actuales, con los futuros, con el trabajo, con la familia, con el mundo, con ellas mismas; sólo que desde la más lejana comparación, esas realidades son vividas con otros colores, otros diseñadores, otros zapatos.

La fotografía del filme es impecable. Ellas (Carrie, Samantha, Charlotte, Miranda) se ven fantásticas, aunque a veces vistan esos modelos extravagantes y feos. Diseñadores aparecen muchos, desde Oscar de la Renta (con su elegancia exclusiva), Dior, Lanvin hasta Vivienne Westwood (con su vestido de novia entre maldito y maravilloso), el infaltable Manolo Blahnick, Gucci, etc., etc., etc. Ahí mismo una no puede creer que exista tanto lujo, tanta firma exclusiva, pero bueno, se conforma y sigue soñando por un presente mejor. La emoción se presenta de golpe y las lágrimas comienzan a rodar. De una realidad muy de color rosa (ya no me la estaba creyendo) se pasa a una más vivaz, más cruda, pero también novelesca, como toda la película, como toda la serie.
Para fanáticos de esa historia tan bien escrita (que en la película también lo está), que es “Sex and the city”, para los amantes de la moda, de las historias de amor que hacen llorar, en fin, para una historia que te haga vivir en un elixir, para bajarte de un hondazo a la realidad y volver a llevarte a los cielos de la imaginación.





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